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Gobierno y polí­tica

La esencia del estado de la Ciudad del Vaticano se fundamenta en su unión con la Santa Sede, de manera que el Papa es a la vez Cabeza Suprema de la organización católica romana y Jefe de Estado del Estado de la Ciudad del Vaticano. En consonancia con esta doctrina, el Vaticano es el único territorio europeo que explí­citamente defiende su carácter de teocracia. Formalmente el Vaticano se autodefine como una monarquí­a absoluta cuyo monarca, el Sumo Pontí­fice, tiene plenos poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Es también una teocracia electiva, en la que la elección del Papa corresponde al Sacro Colegio Cardenalicio (cuyos miembros son designados por los anteriores pontí­fices), reunido en Cónclave, según las actuales disposiciones de la Constitución Apostólica Universi Dominici gregis, promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996 y modificada por Benedicto XVI en junio de 2007. Sólo el colegio cardenalicio tiene derecho a voto, quedando por tanto excluidos de la elección del jefe de Estado el resto de ciudadanos vaticanos.

El elegido se convierte en papa en cuanto manifiesta su aceptación, siempre que fuera ya obispo, de lo contrario, debe ser ordenado inmediatamente. En cualquiera de ambos casos, el papa recién elegido adquiere, desde el mismo momento de su aceptación (y ordenación en su caso), la plena y suprema potestad en la Iglesia Católica, así­ como la jefatura de Estado de la Ciudad del Vaticano.

Los órganos de gobierno de la Ciudad del Vaticano no forman parte de la Curia Romana (Cfr. Art.1 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus), sino que tiene un ordenamiento jurí­dico especí­fico. El segundo al mando del gobierno del Vaticano, después del Papa, es el Secretario de Estado aunque no corresponden a la formación real de Estado, labor que actualmente cumple el cardenal Tarcisio Bertone.

La Ley Fundamental de la Ciudad del Vaticano constituye la norma constitucional más importante. Según ésta, el Papa "tiene la plenitud de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial". Únicamente se prevee la distinción de funciones, pues el papa no las ejerce de forma directa en la mayorí­a de los casos (de hecho, la potestad judicial nunca la ejerce personalmente), sino que se constituyen diversos órganos vicarios que administran los distintos departamentos de la administración vaticana. No existe sistema judicial alguno que rija, dejando a Italia las diferentes tareas de enjuiciamiento criminal.

El Papa administra el Estado mediante la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, salvo en los casos que entienda reservarse a sí­ mismo o a otras instancias. Equivale al poder legislativo y está compuesta por cardenales nombrados por el Papa para un quinquenio. El Papa delega el poder ejecutivo en el Presidente de la Comisión, coadyuvado por el Secretario General y el Vice-Secretario General. El Presidente de la Comisión tiene también facultad legislativa: puede emitir ordenanzas, y en casos de urgente necesidad puede adoptar disposiciones con carácter de ley, siempre que la Comisión las confirme en los 3 meses siguientes. Asume también la representación diplomática del Estado excepto ante los Estados extranjeros, función que es reservada al Papa. Actualmente el Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano y de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano es el Arzobispo Giovanni Lajolo.

El cargo de Gobernador de la Ciudad del Vaticano (Governatore dello Stato della Cittí  del Vaticano en italiano) fue, en una época, unipersonal y ejercido por el marqués y conocido numismático Camillo Serafini, desde 1929, año de la fundación del Estado, hasta la muerte de éste en 1952. Ulteriormente, no fue designado sucesor de Serafini y el cargo propiamente tal tampoco fue mencionado en la Ley Fundamental del Estado, emitida por el Papa Juan Pablo II el 26 de noviembre de 2000, y que entró en vigor el 22 de febrero de 2001. El Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano ha ejercido desde 1952 las funciones que antes eran atribuidas al Gobernador y desde 2001, también recibe el tí­tulo de Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El idioma oficial es el latí­n, aunque el idioma más hablado es el italiano. La moneda, según un acuerdo suscrito con la Unión Europea (UE), es el euro.

Con el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República de Botsuana, son ya 177 (2008) estados de todo el mundo los que mantienen reconocimiento bilateral con la Santa Sede, reconociendo la existencia del microestado. Entre los paí­ses que no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede se encuentran China, Corea del Norte, Vietnam y Arabia Saudita.

La nacionalidad vaticana, no se obtiene por nacimiento, sino por concesión. Son ciudadanos de nacionalidad vaticana todos los diplomáticos empleados en las nunciaturas (embajadas vaticanas) de todo el mundo y aquellas personas que ejercen funciones para el Estado de la Ciudad. La nacionalidad vaticana se añade a la nacionalidad de origen y se pierde cuando las personas dejan de ejercer estas funciones. Son unas 300 personas aproximadamente.

 

   
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