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Antecedentes de los Museos - Página 8

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Museos Vaticanos I

   

Museos Vaticanos II

   

Museos Vaticanos III

 

Antecedentes de los Museos Vaticanos

Junto a la Biblioteca Apostólica, los Museos Vaticanos son el fruto de una visión de la cultura clásica (grecorromana), interpretada como expresión perfecta de la creatividad humana en sus más elevados niveles del pensamiento y el arte y considerada como fundamento, y en algunos momentos casi como una pre figuración, de la experiencia cristiana, sobre todo en Occidente.

La cuna de los Museos Vaticanos fue el patio del Palacete del Belvedere de Inocencio VIII, arreglado a la manera de un jardí­n y adornado por el cardenal Giuliano della Rovere, elegido Papa Julio II en 1503, con algunas de las piezas más apreciadas de la escultura antigua: el Apolo de Belvedere, la Venus Feliz, el Nilo, el Tí­ber, la Ariadna Dormida y el grupo escultórico Laocoonte y sus hijos, descubierto el 14 de enero de 1506 en la Domus íurea de Nerón, en la colina romana del Esquilino. Otras esculturas antiguas decoraban, igualmente, algunos sectores del Palacio Pontificio, por ejemplo, las Logias de Rafael, en la época de León X.

En 1530 aproximadamente, Clemente VII adquiere el Torso del Belvedere, que se encontraba en el Palacio Colonna.

En la Biblioteca, fundada oficialmente por Sixto IV en 1475, se ve por primera vez una colección de objetos de arte (más bien un gabinete de objetos raros) con el prefecto Marcello Cervini, futuro Papa Marcello II en 1555.

Entre 1700 y 1721, durante el pontificado de Clemente XI, se concibe el primer proyecto de coleccionar las inscripciones antiguas, paganas y cristianas y de fundar un museo de antigüedades cristianas.

Entre 1730 y 1740, el Papa Clemente XII adquiere, para la Biblioteca Apostólica, manuscritos preciosos, 200 vasos denominados en ese tiempo ¨etruscos¨ y 328 medallas antiguas. Con la Contrarreforma se produce un estancamiento en el desarrollo de las colecciones vaticanas, pero a la vez se crean las premisas para un enfoque que no se limitarí­a a valorar estéticamente las manifestaciones artí­sticas de la antigüedad, sino también a investigarlas desde un punto de vista histórico y arqueológico.

   
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