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Museo Gregoriano Etrusco - Página 7

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Ciudad del Vaticano

   

Museos Vaticanos II

   

Museos Vaticanos III

 

Museo Gregoriano Etrusco

El museo fue fundado por Papa Gregorio XVI en 1837 y reúne preferentemente objetos que a partir de 1828 fueron hallados en las excavaciones de las antiguas ciudades de la Etruria meridional (actualmente Lacio septentrional), y en aquel entonces incluidas en el Estado Pontificio. Tras la desaparición de dicho Estado, en 1870 cesan las competencias territoriales del museo, que ya no se verá enriquecido con materiales procedentes de excavaciones, sino exclusivamente con esporádicas adquisiciones de colecciones arqueológicas, todas ellas ya existentes y de extraordinaria importancia: la adquisición de la Falcioni (1898), las donaciones de Benedetto Guglielmi en 1935 y de Mario Astarita en 1967 y la adquisición de la de Giacinto Guglielmi en 1987. En el museo se encuentran presentes materiales de los perí­odos comprendidos entre el s. IX y el I a.C., desde la edad de hierro hasta la progresiva y definitiva fusión de las ciudades etruscas en la estructura del estado romano. La milenaria historia del pueblo etrusco está representada por cerámicas, bronces, platas y oros que documentan una floreciente artesaní­a y una peculiar civilización artí­stica. Parte integrante del museo es una gran colección de vasos griegos, aunque fueron hallados en las necrópolis etruscas, y de vasos italiotas (realizados en las ciudades helenizadas de Italia meridional), que permite recorrer la historia de la pintura antigua a través de célebres producciones de alfareros y ceramógrafos. Anexa al museo etrusco se halla una sección dedicada a las antigüedades romanas (Antiquarium Romanum), procedentes de Roma y Lacio, con bronces, cristales, terracotas arquitectónicas y cerámica de uso común. El museo se encuentra hospedado dentro del Palacete de Inocencio VIII (1484-1492) y del anexo edificio de la época de Pí­o IV (1559-1565), donde se pueden admirar partes importantes de la decoración original, entre las cuales se destacan los frescos de Federico Barocci y Federico Zuccari (1563) y de Santi di Tito y Niccolí² Circignani delle Pomarance (1564).

 

Sala I

Protohistoria. En esta sala se hallan reunidos monumentos de diferentes tipos (sarcófagos, urnas, esculturas de bulto redondo, relieves, cipos, inscripciones), cuya proveniencia (Chiusi, Vulci, Cerveteri, Orte, Palestrina) y épocas (del s. VI al I a.C.), se ven unidas sólo por el material con el que se han realizado: la piedra. Se trata preferentemente de materiales lí­ticos locales, preferidos por escultores y cinceladores etruscos vista su facilidad a la talla, disimulando los defectos estéticos con abundante estuco y vistosas policromí­as, hoy casi totalmente perdidas.

  • Urna bicónica, siglo IX a.C. Cerámica de mezcla de tierras. El osario bicónico constituye uno de los elementos más caracterí­sticos de la cultura villanoviana, llamada de esta manera por la localidad en las cercaní­as de Bolonia, donde primero se hallaron en 1853 los pequeños sepulcros de la primera Edad de Hierro, en los que estos vasos serví­an como cinerarios. La urna destinada al uso funerario ya contaba con una sola asa; la segunda, en caso de que la hubiese, se rompí­a deliberadamente durante el ritual fúnebre. Diferentes ejemplares presentan en la superficie una compleja decoración grabada e impresa de tipo geométrico. Para cerrarla se utilizaba una escudilla, o bien una reproducción de yelmo en cerámica. Este último elemento era la única forma para personalizar un cinerario, privo, de lo contrario, de cualquier caracterización en sentido antropomorfo, tendencia que más tarde cobrará una particular relevancia en determinadas zonas culturales.
  • Manos en lámina de bronce, s. VII a.C. Bronce laminado. Las manos decoradas con pequeñas tachuelas de oro y larguí­simos dedos, han sido obtenidas de una sola lámina de bronce, cerrada en las muñecas y ligeramente doblada en los bordes. Las posibles similitudes indican a Vulci como lugar de proveniencia y producción, y aproximan conceptualmente estas manos a las máscaras de bronce laminado de algunos canopes de Chiusi y, en general, a los primeros experimentos de representación de la figura humana en la producción etrusca de bronces, que consistí­an en la unión de partes elaboradas por separado, procedentes de láminas repujadas para obtener estatuas en bulto redondo.
  • ínfora esferoidal. El ánfora y una silla en elementos tubulares, s. VII a.C. Bronce laminado. La relación recí­proca y real entre ambos elementos no es segura, aunque es verosí­mil si se compara con objetos de procedencia conocida. El ánfora, que reproduce en forma estilizada un ser humano, estaba destinada a contener las cenizas. La evolución de la urna cineraria en sentido antropomorfo, tanto en la conformación del cuerpo (es suficiente pensar en las asas en forma de cinta que aluden a los brazos), como de la tapa del vaso (en este caso ausente, pero por lo general, en forma de cabeza humana) es tí­pico de la región de Chiusi. A menudo el cinerario (llamado canope) era colocado encima de una silla como ésta o, con mayor frecuencia, sobre un trono con respaldo circular. Todos estos elementos, junto con los adornos del ajuar funerario, eran enterrados dentro de un gran dolium (tinaja) o "ziro".
  • Silla en elementos tubulares,correspondiente al grupo anteriormente descrito.
  • Urna en forma de cabaña, primera mitad del s. IX a.C. Cerámica de mezcla de tierras. Alto 25,2 cm; base 28,5 x 29 cm. La urna contení­a los restos mortales de un individuo adulto. La urna cineraria en forma de cabaña es uno de los osarios más tí­picos de las primeras etapas de la Edad de Hierro etrusco-lacial (s. IX-VIII a.C.), con aislados testimonios en Sabina y Campania. La conformación peculiar de este cinerario, que evoca la casa del difunto, reviste un significado simbólico preciso. Representa además un modelo fundamental para el conocimiento de la arquitectura doméstica de estas antiguas cabañas, que contaban con una planta oval o rectangular (y raramente circular), con la puerta de entrada por el lado corto. En las construcciones reales, las paredes hechas de frascas y encañizado, impermeabilizadas mediante una capa de arcilla, se apoyaban en una serie de palos de madera plantados en el suelo. El tejado, casi siempre de doble declive, estaba constituido por una armazón de madera recubierta de paja y frascas, con dos aberturas simétricas debajo de la viga de caballete para hacer salir el humo y para la ventilación.
  • Biga arcaica, 550-540 a.C. Bronce laminado y fundido, con reconstrucción leñosa moderna. La biga, descubierta hacia fines del s. XVIII, entró a formar parte de las Colecciones Vaticanas en 1804, siendo vendida por Antonio Pazzaglia, famoso grabador de piedras duras, que habí­a cuidado su restauración según la lógica del mercado anticuario de su época, ensamblando partes originales y heterogéneas por cronologí­a y procedencia. Una reciente restauración ha permitido reconstruir la biga iniciando de los pocos elementos originales seguros. La estructura leñosa, ya no conservada, ha sido reconstruida gracias a los fragmentos supérstites del revestimiento de bronce y con la ayuda de los datos surgidos del estudio de vehí­culos parecidos procedentes de las excavaciones o representados en objetos antiguos de la misma época. Un valioso ejemplo de bronces es la contera en forma de cabeza de águila que revestí­a el extremo del timón, acabado en frí­o con cincel y punzón.

Sala II

La sala se encuentra en una gran habitación con frescos de Federico Barocci y Taddeo Zuccari, realizados en 1563 con escenas de la vida de Moisés y Arón.
En ella se halla reunido el núcleo más importante de la colección gregoriana, hallada en una excavación de 1836-37 en la necrópolis del Sorbo de Cerveteri, por el general Vincenzo Galassi y el arcipreste de Cerveteri, Alessandro Regolini. A este material, procedente de no menos de nueve tumbas construidas dentro de cuatro túmulos contiguos, se añadió el hallado por Giovanni Pinza en 1906 en la Tumba Giulimondi, durante las excavaciones tendientes a estudiar la topografí­a de la necrópolis.

 

Tumba Regolini Galassi

  • Tumba. La tumba, que se puede visitar en Cerveteri, fue descubierta aún intacta en 1836. Por una parte está labrada en el tufo y por la otra, construida en bloques tallados, por una falsa bóveda de bloques progresivamente en voladizo; un enorme túmulo de tierra cubrí­a luego toda la estructura, dándole incluso desde afuera un aspecto monumental. Cuenta con un pasillo de acceso en declive y una celda alargada central, separada de la celda del fondo por un tabique parcial de bloques de tufo. A los costados se abren dos celdas laterales simétricas de planta ovalada, completamente excavadas en el tufo. En la tumba se hallaban seguramente sepultas dos personas: una mujer de rango principesco, inhumada en la celda del fondo, y un hombre incinerado, colocado en la celda a la derecha. Más problemática es la presencia de un tercer ocupante, que se creí­a que estuviese colocado en la antecámara sobre el lecho de bronce. La excavación, además de estos objetos, restituyó un riquí­simo ajuar, entre los cuales se halla una biga, vasos de plata, plata dorada y en bronce, una serie de valiosí­simas joyas de oro pertenecientes a la difunta.
  • Collar, siglo VII aC.
  • Pectoral de oro, mediados del s. VII a.C. Oro. Anchura máx. 38,1 cm; altura máx. 42,0 cm. Junto con la fí­bula, la difunta de la celda de fondo usaba este pectoral que, a los ojos de los descubridores estupefactos, se mostró literalmente cubierta de oro. Está compuesta de una sola lámina moldeada y repujada con una serie de 16 punzones diferentes. La decoración se articula en fajas que siguen los márgenes, delimitando un emblema central, caracterizados por la repetición en serie de un mismo motivo. A partir de la faja exterior, se observan las siguientes series de representaciones: lí­nea quebrada; í­bice macho pastando; león alado; quimera de dos protomes; caballo alado; león retrospiciente (que mira hacia atrás); ciervo pastando; mujer entunicada con tallo de palma; león alado; mujer alada; león. En el emblema central: decorados en semicí­rculo con volutas y estelas superpuestas, leones alados, mujeres con palma y cuatro figuras masculinas, cada una de las cuales sostiene las patas delanteras de un pareja de leones rampantes.
  • Fí­bula, mediados del s. VII a.C. Oro. Entre los espléndidos objetos de oro que adornaban el cuerpo de la difunta enterrada en la celda de fondo, resalta una enorme fí­bula (antigua versión del moderno imperdible, utilizado para sujetar y decorar los ropajes), decorada con motivos geométricos, de inspiración vegetal y animales, obtenidos con distintas técnicas de producción sofisticada: granulación, repujado, punzón. Los patitos de bulto redondo en el arco se han realizado soldando ambas mitades obtenidas de una lámina repujada; los leones en el disco están igualmente repujados y recortados por una lámina aparte.
  • Vasijas de plata, mediados del s. VII a.C. La vajilla de la tumba ofrece caracterí­sticas de variedad y acabado que hacen pensar en una precisa lógica de selección determinada por un evidente ritual funerario. En ella se aprecia la coexistencia significativa de materias primas, formas y temas decorativos tanto de importación como locales. La jarra de plata (1), con la unión del asa chapeada en oro, es de tipo chipriota, a menudo imitada localmente en los búcaros. Las páteras de plata dorada con temas de imitación egipcia (no visibles en la foto), son de producción fenicio- chipriota, mientras que una forma local, representada por la pequeña ánfora de espirales grabadas (2), producida tradicionalmente tanto en cerámica de mezcla de tierras, como en búcaro, se halla preciosamente elaborada en plata. La copa cónica (skyphos) se encuentra en la versión original protocorintia, así­ como en búcaro local y en plata (3). En muchos de los vasos de plata se encuentra la inscripción etrusca larthia o mi larthia, "yo soy de Larth", según el uso arcaico del objeto "parlante".
  • Lecho funerario y carro, mediados del s. VII a.C.
  • Tintero en búcaro, segunda mitad del s. VII a.C. Búcaro. Alto 16,5 cm. Tintero en forma de botellita de cuello cilí­ndrico estrecho, que sigue siendo un ejemplar único en la producción del búcaro ceretano. Alrededor del cuerpo se halla esgrafiado un silabario, mientras que en torno al anillo de base se encuentra un alfabeto, ambos escritos en sentido dextrorso, es decir de izquierda a derecha, opuestos al estándar arcaico que adoptará y mantendrá la escritura etrusca. Nos hallamos frente a un verdadero abecedario etrusco, en el que se reseñan en secuencia, y combinadas con las vocales (en orden i, a, u, e), las consonantes usadas comúnmente en la lengua hablada. En el anillo de base se halla en cambio toda la secuencia alfabética griega adoptada en la escritura etrusca, y por consiguiente, completa de todas las letras (excepto la q), incluidas las letras "muertas" no utilizadas por los etruscos, como la b y la d, el samech fenicio y la vocal "o".

 

Tumba Calabresi, segunda mitad del s. VII a.C.

  • Jarrón con figuras. Una varieos elementos se unen en la composición de este vaso, hecho del mejor búcaro de Cerveteri, y con decoración incisa. La antigua tradición, de la cerámica í­talo-geométrica, en la ejecución de los mangos o las perillas de las tapas, en forma de animales, aquí­ se alió con la tradición geométrica de los Askos. Esta es una nueva interpretación de jarra alta. Los caños perforados en forma de cabezas de animales son sin duda, de tradición oriental. La figura humana en el cuerpo de la vasija, que tiene en sus manos extendidas el arnés de los caballos, así­ como el adorno circular en el lado de la vasija sugieren la idea de un excepcional carro cuyo cuerpo se fusiona con la de los dos caballos.

 

Tumba Giulimondi, primer cuarto del s. VII a.C.

  • Urna Calabresi, finales del s. VII a.C.
  • Frescos de la sala.
  • Escenas de la vida de Moisés y Arón, 1563.

Sala III

Bronces. Se encuentra alojada en una gran habitación, con escenas, pintadas al fresco, del Antiguo Testamento (Profecí­as de Daniel a Nabucodonosor), encuadradas por cariátides de estuco, realizadas por Santi di Tito y Niccolí² Circignani delle Pomarance en 1564.
En la sala se han reunido bronces estatuarios, votivos y de uso común o funerario ordenados por tipo y orden cronológico.

  • Marte de Todi, finales del s. V a.C. Bronce de fundición cava. Alto 141 cm. Es una de las rarí­simas reliquias de la estatuaria antigua itálica hallada en nuestros dí­as. Representa a un guerrero vestido con coraza y, en un principio con un yelmo, que se prepara a dedicar una libación antes de la batalla, vertiendo el lí­quido contenido en una forma peculiar de taza (patera) que sujeta con la mano derecha alargada, mientras que con la izquierda se apoya a una lanza de hierro (la patera y restos de la lanza, que no se ven en la foto, se hallan en la vitrina). La estatua, que denota influencias del arte griego a partir de mediados del s. V a.C., fue encontrada en Todi sepultada entre lastras de travertino, probablemente tras ser alcanzado por un rayo. La inscripción dedicatoria, en la lengua de los antiguos umbros y en alfabeto etrusco, recuerda que la estatua fue donada (dunum dede) por un tal Ahal Trutitis.
  • Trí­pode de Vulci, finales del s. VI a.C.
  • Serie de once tachuelas con protomes de león o Aqueloo, Tarquinia.
  • Amorcillo Carrara, finales de los siglos IV-III a.C. Bronce de fusión cava. Alto 32,7 cm. La estatua, fijada originariamente en una base a la que se pegaba con colada de plomo, se haya incompleta del brazo izquierdo y de dos dedos de la mano derecha, siendo estos últimos quebrados antiguamente. En el brazo se halla una inscripción incompleta que se refiere a una ofrenda votiva al dios Silvano. La estatua está incluida en la categorí­a de los exvotos que representan niños, agazapados o sentados, mientras dan una ofrenda a la divinidad, tal como se conocen según los antiguos santuarios etruscos del lago Trasimeno, de Vulci y Cerveteri. El aspecto de este niño de rostro maduro, siempre ha hecho suponer que representase al mí­tico Tagetes, el niño adivino con la sabidurí­a de un anciano, que justo en Tarquinia - hallado prodigiosamente en un terreno durante un arado demasiado profundo - fue el primero en dictar a los principes Etruriae la disciplina etrusca, o sea, los fundamentos de la religión etrusca, más tarde codificada en libros sacros.
  • Amorcillo Graziani, s. II a.C. Bronce de fundición cava. Alto 26 cm. La estatua representa a un muchacho desnudo sentado en el suelo, con el cuerpo recargado hacia atrás y la pierna izquierda debajo de la derecha, sobre la que se halla grabada la inscripción etrusca "al dios Tec Sans como regalo". Los brazos alargados aprietan un ave en la mano derecha y una pelota en la izquierda. Del cuello cuelga una gran bulla, mientras que dos anillos ciñen el tobillo y la muñeca derecha, y una armilla en espiral la izquierda. El rostro, sonriente y regordete, y la vivacidad de los movimientos remiten el bronce a un modelo helení­stico, perí­odo que tuvo como escenario en Etruria una gran difusión de exvotos de este tipo, tanto figulinos como de bronce. El "Amorcillo Graziani", destinado a la divinidad Tec Sans, protectora de la infancia, es una de las diferentes evidencias de cultos indí­genas en la zona noreste del Lago Trasimeno.
  • Estatuilla de Arúspice, s. IV a.C. Bronce de fusión completa. Alto 17,7 cm. En el Museo se halla recogida una interesante colección de bronces de figura humana, relativos en su mayorí­a a la esfera del culto en el mundo etrusco e itálico. Esta estatuilla describe a un arúspice, o sea, un sacerdote etrusco que interpretaba la voluntad de los dioses mediante el examen del hí­gado de los animales sacrificados. El vestido está caracterizado por el alto gorro de piel o fieltro atado debajo del mentón, ya que era de pésimo auspicio que el sombrero del sacerdote cayera durante las ceremonias.
  • Espejo grabado con Calcante, finales del s. V a.C. Bronce fundido Alto 18.5 cm, diám. 14.8 cm. Una clase particularmente representativa de la artesaní­a etrusca es la de los espejos de bronce, decorados con grabados o, más raramente, con relieves sobre la superficie opuesta a la parte a la que refleja la imagen. Se distribuyen cronológicamente entre el s. VI y el III a.C., con particular desarrollo en el s. IV a.C. Este famoso espejo representa a un viejo arúspice concentrado en examinar el hí­gado de un animal sacrificado para leer los agüeros. Una inscripción etrusca lo califica como Chalchas, o sea, el mí­tico adivino griego Calcante aquí­ representado en la versión iconográfica etrusca con el atributo de las alas, evidente connotación que recalca su función de mediador entre la realidad terrena y el mundo trascendente. Nótese el pie apoyado en una roca, acción esencial en el proceso adivinatorio por parte del arúspice quien, de esta manera, establece un contacto con lo terrenal como sede de la esfera natural y del mundo subterráneo.
  • Panoplia de guerrero (yelmo, escudo, espinilleras), Bomarzo, finales de los siglos VI - V a.C.
  • Coraza anatómica de Bomarzo, mediados del s. IV a.C.
  • Yelmo en forma de cabeza de sileno, Atella, s. IV a.C.
  • Espejo con Eos y Céfalo, Vulci, 470 a.C.
  • Cista ovalada decorada con amazonomaquia, Vulci, finales del s. IV a.C.
  • Colección de candelabros, comienzos del s. V - mediados del IV a.C.
  • Ajuar funerario de Laris Harenies, Bolsena, mediados del s. IV a.C.

Sala IV

Piedras (epí­grafes y esculturas). En esta sala se hallan reunidos monumentos de diferentes tipos (sarcófagos, urnas, esculturas de bulto redondo, relieves, cipos, inscripciones), cuya proveniencia (Chiusi, Vulci, Cerveteri, Orte, Palestrina) y épocas (del s. VI al I a.C.), se ven unidas sólo por el material con el que se han realizado: la piedra. Se trata preferentemente de materiales lí­ticos locales, preferidos por escultores y cinceladores etruscos vista su facilidad a la talla, disimulando los defectos estéticos con abundante estuco y vistosas policromí­as, hoy casi totalmente perdidas.

  • Pareja de leones en nenfro, finales del s. VI a.C. Nenfro. Alto 57,0 / 58,0 cm. Los leones han sido hallados en una tumba de cámara, en la que habí­an sido puestos como guardias de la entrada. El aspecto amenazador, con las fauces abiertas de par en par, concuerda con la función atribuida a ellos que revela la fe en la supervivencia del difunto circunscrita a los lindes del sepulcro. El modelado de la escultura sigue los esquemas del arte arcaico.
  • Sarcófago en nenfro, llamado del Magistrado, s. III a.C. Nenfro. Alto 85,0 cm; largo 206,0 cm. Este sarcófago, decorado con un bajorrelieve sólo en el frontis, contení­a los restos mortales de un magistrado etrusco muerto a los 36 años. En la faja superior del marco del ataúd se halla grabada una larga inscripción con el nombre del difunto, los cargos que ocupaba, algunas disposiciones cultuales relativas a su tumba y los años que tení­a al morir. El relieve representa al difunto en la biga, precedido y seguido por personajes dignos de su rango que llevan fasces (emblemas de poder), en un cortejo que, al recordar los altos cargos desempeñados durante su vida, alude al mismo tiempo al viaje hacia la ultratumba.
  • Sarcófago en nenfro, llamado del Poeta, s. III a.C. Nenfro. Alto 45 cm; largo 217 cm; ancho 63 cm. El féretro del sarcófago está decorado con bajorrelieves en los cuatro lados. En el frontis se hallan representadas escenas de la saga de los Atridas que se observan viniendo de la derecha: Orestes y Pilades se hallan arrebatados frente al cuerpo de Egisto, amante de Clitemnestra, tras haberle dado muerte; al centro, en el ara yace Clitemnestra, muerta por el hijo Orestes para vengarse del asesinato de su padre Agamenón; en el ara se halla sentada Electra, hermana de Orestes e inspiradora de la doble venganza; a la izquierda, en la escena siguiente, Orestes es perseguido por las Erinas. En la parte de atrás, se describen escenas de la leyenda de Tebas: duelo de Eteocles y Poliní­ces en presencia de demonios funerarios con antorcha, Edipo ciego y Yocasta sentada, que piensa en el suicidio. En los lados angostos: Telefo en el campo griego amenaza de muerte al pequeño Orestes; Neoptolemo sacrifica a Polixena en la tumba de Aquiles (?). La tapa, no pertinente, representa al difunto acostado con un volumen (libro en rollo) en la mano.
  • Sarcófago de mármol con relieve polí­cromo, finales del s. IV a.C. Mármol "del Circeo" Alto total 100 cm; largo 190/195 cm; ancho 66/70 cm. Fue hallado en una tumba de cámara originalmente con las paredes decoradas con pinturas, llamada de los Sarcófagos, debido a la presencia de otros tres ejemplares en la misma piedra. En la tapa, decorada en los extremos con acroteras como el tejado de un edificio, yace el difunto adornado de joyas; cerca de la cabeza se halla representado un liber linteus plegado, o sea, un libro escrito en un paño de lino. En el frontis del ataúd y a un lado está esculpido en bajorrelieve, avivado mediante policromí­a, un cortejo fúnebre con músicos y sacerdote con lituo (bastón curvado a modo de báculo pastoral).
  • Alivio delantero de un sarcófago - Duelo a muerte entre Eteocles y Polinices siglo III a.C.

Salas V y VI

Terracotas arquitectónicas y votivas. Estas salas, convencionalmente llamadas de las terracotas, están dedicadas a la coroplástica templar y votiva etrusca. El gran espacio de la sala VI se adapta perfectamente a recrear un ambiente sugestivo, en muchos aspectos, parecido a las antiguas zonas sagradas, en las que un muro perimetral encerraba el alto podio sobre el cual surgí­a el templo y frente a éste, una plaza llena de ofrendas votivas y altares. Se hallan expuestas numerosas terracotas arquitectónicas de procedencia diferente y para algunas de ellas se ha propuesto exponer una reconstrucción en soportes que aludiesen a la cobertura de madera del tejado que adornaban en la antigüedad.
En la tarima en el centro de la sala y en las vitrinas a lo largo de la pared izquierda se exponen las ofertas votivas de terracota procedentes en su mayorí­a, de uno o varios templos de la ciudad de Caere (Cerveteri), fechadas preferentemente a finales del s. IV - III a.C. En la exposición no sólo se ha querido recalcar la calidad artí­stica de la ofrenda votiva, sino también la grandí­sima variedad y cantidad de regalos que se llevaban diariamente al templo. En efecto, los santuarios antiguos eran normalmente repletos de exvotos. Se daba todo, de preferencia miniaturas de imitaciones de culto, y más a menudo reproducciones de partes del cuerpo humano (cabezas, medias cabezas, extremidades, órganos), alimentos o animales sacrificados.

  • Acroterio con caballo alado, primeras décadas del s. V a.C. Terracota polí­croma. Altura máx. 47 cm; anchura máx. 41 cm. En el extremo derecho del triangulo del frontón de un templo y desde el fondo de la última lastra colocada encima de la viga lateral del tí­mpano, se desprendí­a en un neto relieve el animal, listo para alzarse en vuelo, con las patas delanteras de bulto redondo contra el cielo.
  • Altorrelieves de frontones de Tí­voli, finales del s. IV y III a.C. Terracota polí­croma. Altura máx. conservada 148 cm. Las figuras fragmentarias en altorrelieve fueron casualmente halladas en 1835 durante las obras de consolidación de la zona enfrente del Puente Gregoriano sobre el rí­o Aniene. El informe redactado en el s. XIX con respecto al hallazgo se refiere, con acostumbrada imprecisión, a "... seis grupos fragmentados de estatuas de terracota ...", todos "... sin cabeza, manos ni pies...". El tema de la representación se puede suponer gracias a una peculiaridad del árbol colocado al lado de la cuarta figura desde izquierda, desde el que cuelga una de las patas traseras de una piel de carnero, vací­a e inerme. Este detalle evoca la iconografí­a del vellocino de oro y confirma, sin duda alguna, que el tema central de este monumento es el viaje de los Argonautas. Las figuras decoraban el frontón de un templo, tal como lo demuestran el tamaño y el pronunciado saliente (unos 20° de inclinación) que permití­a contar con una adecuada visión desde abajo. La reconstrucción propuesta al público, se propone sólo aludir a la colocación original del alto relieve.
  • Friso con decoración floreal y cabezas humanas, s. IV a.C. Terracota polí­croma. Actualmente, el friso está compuesto de cuatro lastras arquitectónicas con decoración floreal y cabezas humanas en relieve. Un friso de roleos que surgen de flores de acanto encuadra cabezas masculinas (¿Dionisos?) y femeninas (¿Ariadna, Ménades?). Las lastras, que no coinciden entre sí­, se aplicaban a la viguerí­a de un templo. Una restauración realizada últimamente ha demostrado que las lastras son el resultado de una recomposición del s. XIX realizada con fragmentos relativos a un número de lastras superior, difí­cil de precisar.
  • Antefija de figuras femeninas, s. II a.C. Terracota con huellas de policromí­a. Altura máx. 47,5 cm; anchura máx. 29,3 cm. Estos objetos decoraban el margen inferior del tejado en declive, donde revestí­an la última fila de las tejas acanaladas. En el frontis se representa en relieve a un personaje femenino con las alas desplegadas, con una cetra en la mano izquierda, apoyada en una columna interpuesta entre los balaustres. Desde éste baja un paño que, al pasar por detrás de la figura, desnuda, envuelve el muslo y la pierna derecha. La cabeza, levemente inclinada, se encuentra enmarcada por una larga cabellera de mechas onduladas con la raya al centro, solapada por una diadema. No se conocen otros ejemplos de este tipo de antefija. De Luni se conocen dos ejemplares con figura femenina alada, aunque drapeada: en un caso trata de tocar una flauta doble, en el otro, se encuentra apoyada de la misma manera a una columna como la ya aludida. En general, figuras parecidas, se encuentran en numerosos relieves de urnas de Volterra, a menudo caracterizados por una fuerte influencia de prototipos de la isla de Rodas. Desde el punto de vista estrictamente iconográfico, la figura se puede comparar con prudencia con las representaciones de Musa presentes en el mundo etrusco, puestas en evidencia exclusivamente a través de los grabados de espejos y estatuillas votivas que representan a un personaje femenino semidrapeado sentado, concentrado en tocar la cetra.
  • Busto femenino, s. III a.C. Terracota. Alto 34,7 cm. El busto no forma parte de producciones canónicas y no es posible confrontarlo con elementos precisos. Algunos detalles como el rostro hundido y los pómulos salientes, resultan ser caracterí­sticas fisonómicas tan especiales que denotan una búsqueda precisa en el arte del retrato ya que representan a una mujer ya no muy joven. Los pendientes en forma de anillo con protome de cabeza de león, que reproducen ejemplares en oro difundidos en Etruria y Magna Grecia, y la vaporosa cabellera inspirada en los retratos de Alejandro Magno, confirman la datación propuesta.

Salas VII y VIII

Orfebrerí­a etrusca y romana. En estas dos pequeñas salas se exponen objetos de ornamento personal en oro realizados con gran habilidad técnica y de diseño, por parte de los orfebres etruscos durante los diez siglos de vida de su civilización. Un gusto seguro en la elección de modelos y piedras preciosas y semi-preciosas, se acompañaba a una creciente capacidad artesanal que hací­a únicos e irrepetibles en el mundo antiguo, los collares etruscos. Las técnicas más comunes eran: la fundición, el batido de láminas, la realización de hilos para la torsión de diminutas tiritas de oro, el acabado con punzones o cincel y por último, la granulación. Ésta es una técnica peculiar que permití­a ejecutar esferas minúsculas, hasta alcanzar dimensiones infinitesimales (polvillo) que pegaban sobre la lámina de la joya mediante microsoldaduras, creando superficies continuas o dibujos. La exposición de las obras sigue un orden cronológico que, iniciando desde los vestigios más antiguos del s. VII a.C. (el Museo Gregoriano Etrusco no reúne ejemplos de orfebrerí­a más antiguos), permite seguir en el tiempo, hasta la época romana, modas, costumbres y tipologí­as de un pueblo que ha utilizado el oro, tanto como riqueza por acaudalar, como sí­mbolo de prestigio, tal como lo testimonia la arqueologí­a y lo cuenta en el famoso pasaje de Diodoro de Sicilia (8,18,1):"...(los Etruscos) ocupaban una especie de supremací­a en lo que se refiere a ostentación en el modo de vivir...".

  • Collar con Kyathos ático y figuras negras. Dionisio sentado y Sátiro danzante entre dos ojos y dos esfinges. 510-500 a.C.bullas, primera mitad del s. IV a.C. Oro laminado repujado. Diám. de las bullas 3 / 3,5 cm. Collar compuesto de siete bullas en forma de lentejas con temas mitológicos, alternadas según tamaño. Las tres bullas más pequeñas tienen la misma decoración: Efestos, sentado de perfil que forja el yelmo de Aquiles. En dos de las bullas más grandes está representada una yegua mientras da de mamar a Hipotoo (hijo de Poseidón y Alope), acostado en el centro. En las dos bullas restantes, se describe a Aquiles que da muerte a Troilo aferrándole por el pelo y atravesándole con la espada. Es muy probable que el collar formase parte del aderezo de un joven. Los temas mitológicos representados se asocian perfectamente con el alto rango del propietario, que la temática guerrera remite a un ámbito estrictamente masculino.
  • Anillo con escarabajo, finales del s. VI a.C. Oro y corniola. Alto 1 cm; ancho 1,3 cm; espesor 0,8 cm. Seudo- escarabajo giratorio insertado en una sortija de oro lisa. En la base del escarabajo se halla grabada, con minuciosidad y refinación, la entrega de las armas a Aquiles por parte de Tetis. El escarabajo ha sido atribuido a un cincelador de probable procedencia greco-oriental que ejercí­a en Etruria, llamado convencionalmente "Master of the Boston Dionysos".Debido a la elección especial de la iconografí­a heroica, es probable que la sortija se refiera a un restringido ambiente aristocrático masculino, al que le gustaba identificarse con los héroes de la mitologí­a griega.
  • Par de pendientes en forma de racimo, mediados del s. IV a.C. Oro laminado. Altura máxima 7,6 cm. Están formados por una lámina circular decorada en filas concéntricas de objetos. Desde la parte central se asoma un pedacito de esfera delimitado a los costados, por dos fajas verticales; en la mitad inferior, se hallan tres esferas con gránulos. En la parte de atrás se observan tres orificios que, según una hipótesis, serví­an para hacer introducir sustancias perfumadas. Los pendientes forman parte de un rico ajuar funerario descubierto en 1837, relativo a un entierro (hombre o mujer). Además de estos objetos se encontraron otros que actualmente se exponen en la misma sala: una corona de oro con hojas de encina y otra, con una de laurel, tres bullas en forma de lentejas con representaciones mitológicas, un collar con pendientes de oro figurados y un thymiaterion (quemador de perfumes) de bronce.

Sala IX

Colección Guglielmi. Esta sala está completamente dedicada a la colección de los marqueses Guglielmi de Vulci, creada el siglo pasado a consecuencia de las excavaciones realizadas en las tierras de Sant'Agostino y Camposcala en el territorio de la antigua ciudad etrusca de Vulci. La colección permaneció expuesta en el Palacio Guglielmi de Civitavecchia hasta comienzos del s. XX, cuando fue dividida en dos partes entre los hermanos Julio y Jacinto. La parte del marqués Julio, heredada por el hijo Benedicto, fue regalada por éste al Papa Pí­o XI en 1937 y desde entonces se encuentra expuesta en el Museo Gregoriano Etrusco. La otra parte, igualmente rica y prestigiosa, siguió siendo de propiedad de la familia Guglielmi hasta 1987, cuando fue adquirida por los Museos Vaticanos para ser finalmente reunida con la primera. La colección Guglielmi se compone totalmente de unos 800 objetos entre bronces, cerámica etrusca (mezcla de tierras, búcaro y cerámica pintada) y cerámica griega importada básicamente de ítica, dentro de las estrechas relaciones de intercambios comerciales que en Vulci hallaba uno de los mayores mercados del mar Tirreno. El muestreo de los objetos es heterogéneo y abarca un perí­odo cronológico que va desde el material más antiguo de época villanoviana hasta la tí­pica producción cerámica de época helení­stica.

  • Stamnos ático de figuras rojas: Cerámica Alto 44,4 cm. En las tumbas etruscas es bastante usual la presencia de cerámica griega importada, como es el caso de este stamnos de figuras rojas realizado en ítica. En la cara principal se describe la salida de dos guerreros (¿Teseo, Piritoo?), de los cuales se despiden una mujer y un viejo rey canoso; en la otra, dos mujeres que se dirigen hacia un rey barbudo y calvo. Se trata del stamnos epónimo del Pintor Guglielmi, que debe el nombre justamente a la colección actualmente expuesta en esta sala, denominación convencional de un pintor ático partidario del estilo de Polygnotos y del Pintor de Kleophon, durante finales del s. V a.C.

Salas X y XI

Urnas cinerarias de época helení­stica. Desde el s. IV a.C., y durante toda la época helení­stica, se halla especialmente documentado en la Etruria septentrional interna, el rito de la incineración, con la consiguiente costumbre funeraria de depositar las cenizas de los difuntos dentro de urnas esculpidas en piedra o modeladas en terracota. En las principales ciudades etruscas de este vasto territorio (Volterra, Chiusi y Perusa) se produjo una gran cantidad de urnas cinerarias, con caracterí­sticas artí­sticas y tipos peculiares. Los relieves que adornan la parte frontal de los ataúdes son el fruto de una elaboración autónoma del repertorio figurativo helénico. Mitos griegos y temas más especí­ficamente etruscos coexisten, aunados por la adopción del mismo lenguaje figurativo, en una de las manifestaciones de la artesaní­a artí­stica etrusca más caracterí­sticas. Las urnas estaban esculpidas en la piedra natural del territorio: el alabastro en el caso de Volterra y Chiusi; el travertino para Perusa, aunque no faltan piedras de valor menor. Las superficies estaban originariamente caracterizadas por una policromí­a vivaz de la cual se conservan sólo pocos indicios. En la tapa de las urnas se representaba idealmente al difunto (o la difunta) semirrecostado en la posición clásica del convidado a un banquete, mientras que sobre el féretro estaban esculpidas escenas mitológicas, o bien, relacionadas con el mundo del más allá. En el Museo Gregoriano Etrusco se encuentran las principales producciones de urnas etruscas.

  • Urna cineraria del "Maestro de Enómao": Alabastro. Tapa: altura 40,5 sm; longitud 81 cm. Caja: altura 43 cm; longitud 84,5 cm. En la tapa se halla representada una pareja de cónyuges recostada en una kline mientras participan en un banquete, esculpida en bulto redondo. En la caja se describe en bajorrelieve, la muerte de Enómao por parte de Pélope. Enómao, señor de Pisa en la Eneida, solí­a desafiar a los pretendientes de su hija Hipodamí­a en una carrera mortal de carros, desde Pisa al Istmo de Corinto, durante la cual les alcanzaba y daba muerte atravesándoles con su lanza. Sólo Pélope logró vencerle, usando los caballos recibidos en regalo de Poseidón, o bien, según otra versión, corrompiendo a Mirtilo, el auriga de Enómao, que, a través del engaño, saboteó una rueda del carro de su soberano. En la riña, expresada mediante una composición extremadamente animada y articulada en varios planos, interviene activamente un demonio femenino alado, representado arriba en el centro. La urna ha sido atribuida al "Maestro de Enómao", figura convencional relacionada principalmente con el territorio de Volterra.
  • Monumento funerario con Adonis agonizante. Tuscania. Segunda mitad del s. III a.C. Terracota polí­croma. Altura máx. 62,0 cm; longitud 89,0 cm; anchura 40,5 cm. El famoso monumento fue hallado en 1834 durante las investigaciones realizadas por los hermanos Campanari. En él se encuentra representado el mí­tico joven cazador que yace en el lecho, herido a muerte. La escena patética está realizada con esmero, sea porque proporcione una cierta relación con las últimas vicisitudes del difunto, sea porque el tema fuese uno de los preferidos relacionados con el mito griego que, desde el s. IV en adelante, pueblan la visión etrusca del más allá. A menudo se ha descrito erróneamente como urna cineraria; en realidad, se presenta como un objeto acabado en su conjunto, sin cavidades aptas para albergar cenizas. En su interior se cruzan en forma de damero, unos tabiques de terracota con función estructural. Los orificios presentes en la superficie aseguran la ventilación homogénea de la arcilla durante la desecación y la cocción. Se trata evidentemente de un coronamiento que solí­a ponerse encima de la caja de una urna cineraria.

Sala XII

Colección Bonifacio Falcioni. El friso forma parte de la decoración de la época de Julio III (1550-55), realizada por Daniele da Volterra y sus alumnos. En esta pequeña sala se encuentra expuesto el núcleo principal de la colección arqueológica recopilada en la segunda mitad del s. XIX por Bonifacio Falcioni de Viterbo y adquirida por León XIII (1878-1903) en mayo de 1898 para los Museos Vaticanos. El contenido de las vitrinas es un ejemplo tí­pico de una colección privada del s. XIX, en la que se hallan reunidos indiscriminadamente y sin criterios lógicos particulares, hallazgos arqueológicos heterogéneos entre sí­: vasijas de mezcla de tierras más antiguas de la época proto-villanoviana y de la primera edad de hierro, junto con búcaros, cerámica pintada ática y etrusca, objetos de bronce (vasos, estatuillas, etc.), material votivo y sobre todo, joyas, tanto antiguas como modernas.

  • Tapa en búcaro figurado. Ex-Colección Bonifacio Falcioni. Segunda mitad del s. VI a.C. Búcaro pesado. Alto 31,5 cm. Al igual que todas las colecciones del s. XIX, la Colección Falcioni reuní­a materiales heterogéneos, a veces dando paso a la curiosidad por objetos insólitos. Entre estos últimos se puede citar esta tapa alta (la vasija de la que formaba parte originalmente no se encuentra), contraseñada por la eficaz representación plástica de un gallo, con plumaje grabado y con la cresta modelada. El objeto forma parte de la producción del búcaro pesado, tí­pica de la ciudad de Chiusi y de la Etruria septentrional interna.

Sala XIII

Sarcófagos figulinos de Tuscania. En esta sala se hallan reunidas tapas de sarcófagos de terracota de época helení­stica provenientes de Tuscania.

  • Tapa de sarcófago. Tuscania. Primera mitad del s. II a.C. Terracota. Alto 78 cm; largo 199 cm; ancho 47,5 cm. Junto a la producción de sarcófagos en material lí­tico triunfa simultáneamente, entre los siglos III y II a.C., en la Etruria meridional del interior, una producción peculiar de sarcófagos de terracota que ve florecer algunas tiendas que trabajaban en Tuscania, centro de proveniencia asimismo del monumento funerario con Adonis agonizante. Encima de esta tapa, realizada en dos partes separadas, cavas en su interior y con diafragmas figulinos de refuerzo, se halla representada una mujer recostada en un costado, que usa una camisa de manga corta, una túnica con correa y una capa pasada por encima de la cabeza. La figura está ornada con varias joyas: diadema con engastes, aretes en forma de pendientes, collar de cinta plana, anillos, brazaletes y armella. La tapa en forma de kline (lecho usado en los banquetes), alude al tema del banquete. El féretro del sarcófago, siempre de terracota, no ha sido hallado.

Sala XIV

Antiquarium Romanum, bronces y platas. El Antiquarium Romanum surge espontáneamente de una selección más rigurosa y de un examen arqueológico más profundo de los numerosos hallazgos de la época romana y de procedencia varia que, precedentemente, se habí­an mezclado con los descubrimientos etruscos e itálicos del Museo Gregoriano Etrusco. En esta sala se exponen algunos fragmentos de grandes estatuas, piezas de muebles, vasijas de bronce y plata.

  • Estatua viril. Segunda mitad del s. I a.C. Bronce de fusión cava. Altura conservada 91 cm. Este gran fragmento de estatua de tamaño monumental, ligeramente superior al original, es uno de los pocos ejemplos de estatuaria broncí­nea aún fechables al s. I a.C. El bronce, cavo en su interior, realizado con la técnica de la cera perdida indirecta, representa un retrato viril idealizado según los cánones del tipo heroico, visto el dorso desnudo cubierto sólo por un manto que cae sobre el hombro y el brazo izquierdo. El cuello robusto y fuertemente alargado, probablemente formaba parte de un recurso de corrección óptica, dirigida a una visión desde abajo de la estatua, posiblemente colocada en un principio encima de otra base. El efecto verista de la estatua se hallaba originalmente acentuado mediante inserciones de materias múltiples que reproducí­an fielmente los bulbos oculares. El bronce patinado simulaba perfectamente el encarnado de un hombre, mientras que las inserciones de lámina de cobre, proporcionaban el color rojizo de labios y aréolas mamarias.
  • Cabeza- retrato del Emperador Treboniano Gallo, 251-253 d.C.
  • Pie figurado de mesa plegable, s. I d.C.
  • Cabecera (fulcrum) de una cama, s. I a.C. - s. I d.C.
  • Vasos de plata dedicados a Apolo procedentes de la fuente termal de Vicarello, cerca de Bracciano, segunda mitad del s. I d.C.
  • Cabeza de mármol de la divinidad Atenas, de una estatua de culto. Es uno de los pocos fragmentos de esculturas originales griegas que en el 1960 se colocaron en estas salas, precedentemente estaban esparcidas aquí­ y alla y dificilmente reconocibles. La singular y encan- tadora cabeza aquí­ reproducida, es de un tamaño superior al natural. Por su forma y preparación podemos deducir que originalmente pertenecí­a a una estatua. Los ojos son de piedra gris dura (calcedonia) y el iris y la pupila, ambos perdidos, eran de pasta ví­trea. Las pestañas están realizadas con finisima hoja de bronce. En los lóbulos de las orejas, perforadas, debemos imaginar pendientes. Los agujeros de la frente y de las mejillas serví­an para asegurar el yelmo a la cabeza. De las divinidades femeninas, solo Atenas, la sabia y perspicaz hija de Zeus usaba el yelmo, solo a ella la gran aleada o la temida enemiga durante la batalla, el yelmo pertenece. Por su estilo el fragmento puede atribuirse a una imágen del culto de la Magna Grecia, hacia el año 460 a. J. C.

Sala XV

Antiquarium Romanum, terracotas, cristales, marfiles. Se presenta una selección de terracotas arquitectónicas, procedentes de Roma y del Lacio, fechables entre los siglos I a.C. y I d.C. En las paredes se halla la reconstrucción parcial de la decoración figulina de los tejados de época romana, obtenida gracias al uso de elementos originales (antefijas y lastras). En la pared de enfrente y abajo, se encuentran colgadas tres lastras en relieve procedentes del ciclo de los doce trabajos de Hércules: combate con el león, con la hidra de Lerna, con el toro de Creta (Invv. 14163, 14160, 14477). En la vitrina A se puede admirar una rica selección de cristales de distintas épocas, cuyos ejemplares más tardos se remontan a la época romana imperial y a la Alta Edad Media, junto con objetos de marfil y hueso.

  • Muñeca de marfil. Roma. Primer tercio del s. IV d.C. Marfil. Entre los objetos expuestos en el Antiquarium Romanum, que testimonian los diferentes aspectos de la vida cotidiana en la antigua Roma, resalta una muñeca de marfil con extremidades articuladas, con algunos pedazos de un precioso tejido bordado en oro y todaví­a ceñidos. Esta muñeca, aparte de representar una rara reliquia de un rebuscado juguete de la antigüedad con interesantes detalles técnicos, documenta un particular aspecto del ritual fúnebre en la Roma tardo-imperial, considerando su función simbólica paralela. En efecto, fue hallada dentro de un sarcófago descubierto cerca de la Basí­lica de San Sebastián en Roma, junto con los restos mortales de una muchacha de alto rango a quien pertenecí­a, muerta prematuramente a la edad de 15 años, aproximadamente.

Sala XVI

Antiquarium Romanum, Ager Vaticanus. En esta sala se encuentran reunidas antigüedades romanas y una sección dedicada a los descubrimientos realizados en la zona del Vaticano. Durante el perí­odo real y toda la época republicana, el territorio de la orilla derecha del Tí­ber era conocido como Ager Vaticanus y se extendí­a al norte hasta la desembocadura del Cremera y al sur, por lo menos hasta el Gianicolo. En época imperial, a partir del s. II d.C., se atestigua la presencia del topónimo Vaticanum que incluí­a una zona que corresponde, aproximadamente, a la del actual Estado de la Ciudad del Vaticano. En época romana dicha zona se hallaba fuera de la ciudad, ocupada por villas, los jardines de Agripina - madre del Emperador Calí­gula (37-41 d.C.) - y por amplias necrópolis ubicadas a lo largo de las principales calles. En los jardines de la madre, Calí­gula construyó un circo (Gaianum), más tarde reestructurado por Nerón (54-68 d.C.). A lo largo de la Via Trionfale, que desde Plaza San Pedro se dirige en dirección norte hacia Monte Mario, han sido excavados varios núcleos de tumbas. A lo largo de la Via Cornelia, que se dirigí­a en cambio en dirección oeste, surgí­a la necrópolis donde también se encuentra la tumba del apóstol Pedro, muerto durante la persecución de Nerón y sepultado en ese lugar. Su tumba fue meta de peregrinaciones y objeto de veneración desde el s. II d.C. La necrópolis fue luego sepultada durante la construcción de la basí­lica dedicada al apóstol según los deseos del Emperador Constantino (306-337 d.C.), y actualmente se puede visitar sólo parcialmente.

 

Antigüedades romanas

  • Lucernas romanas del s. I d.C., algunas con temas teatrales.
  • Dos casetones de estuco de época Flavia, provenientes de un columbario (tumba colectiva para urnas cinerarias colocadas dentro de los nichos) descubierto en la Vigna Moroni en la Ví­a Apia en 1816. Afrodita y Adonis agonizante; Alejandro-Zeus en el globo entre Poseidón y Heracles.

 

Zona del Vaticano

  • Ara dedicada a Cibeles y Atis, Roma, Plaza San Pedro. 374 d.C. Mármol. En un lugar impreciso cerca de la Basí­lica vaticana surgí­a el santuario de la diosa frigia Cibeles, del cual proceden numerosos altares inscritos, que más adelante tuvo que ser cerrado a consecuencia de las disposiciones promulgadas por el Emperador Teodosio contra los cultos paganos en 391 y 392. Entre los numerosos altares inscritos hallados en aquel lugar, se halla esta ara dedicada a Cibeles y Atis, con el pino sacro de Atis, un toro y un carnero, para recordar los sacrificios realizados, y objetos de culto. En dicha ara se encuentra la fecha precisa de la dedicatoria: 19 de julio de 374 d.C.
  • Ara de Varia Sabbatis.
  • Sarcófago de niño con las islas de los bienaventurados.
  • Adornos procedentes de las tumbas de la necrópolis del Aparcamiento Vaticano.

Salas XVII y XVIII

Colección de los Vasos, cerámica corintia, lacónica, ática de figuras negras. Con estas salas comienza la Colección de los Vasos, en la que se hallan recogidos principalmente los vasos pintados, descubiertos durante las excavaciones del s. XIX en las necrópolis etruscas. Los vasos figurados griegos fueron considerados, hasta los albores del siglo mencionado, de fabricación etrusca y fue justamente durante las tumultuosas excavaciones de ese siglo en Etruria, que fueron estudiados mejor y debidamente atribuidos. El hallazgo en Etruria de estos y muchos otros vasos griegos ha sido el motivo determinante para crear una sección paralela y en estrecho contacto con el Museo Etrusco propiamente dicho. En efecto, junto con el desarrollo de la producción de la cerámica griega, puesta en evidencia por la organización del museo, la exposición testimonia la particular acogida que tuvieron estos productos en Etruria a raí­z de los intensos contactos comerciales entre Griegos y Etruscos. Muy numerosas son las obras de arte, firmadas o atribuidas a los grandes nombres de la pintura alfarera griega, presentes en la Colección de los Vasos de los Museos Vaticanos.

  • Olpe corintia, 630-615 a.C. Cerámica. Entre fines del s. VIII y el VII a.C. la supremací­a casi absoluta de exportación en los mercados del Mediterráneo es prerrogativa de Corinto, cuyos productos muy refinados se hallan ampliamente difundidos en Etruria y en Italia Meridional. Esta olpe (jarra en forma de pera con pronunciado labio de trompa), de estilo de transición, está decorada con frisos superpuestos de imitación oriental: procesiones de panteras, toros, cérvidos, garzas reales, esfinges, con rosetas en cí­rculo de puntos en el fondo de color marfil. Se trata de un vaso fabricado en Corinto en torno a los años 630-615 a.C., por un ceramógrafo llamado, justamente basándose en este ejemplar, "Pintor del Vaticano 73".
  • Oinochoe corintio. Cerveteri 570-550 a.C., aproximadamente. Cerámica figurada Alto . 29,9 cm. Sobre un recuadro de esta "oinochoe" a tres bocas con cuerpo esférico se encuentra representado un episodio de la guerra de Troya ( combate entre Ayax y Héctor ) no coincidiendo por lo comentado por Homero (Ilí­ada XIV, 402 y siguientes); los personajes principales son identificados por las inscripciones. Al centro Ayax viene representado con cinturón, yelmo, escudo y espinilleras que hiere con su lanza a Héctor que se gira con su pierna derecha apoyada al suelo, protegiéndose con el escudo del adversario, previniéndose a su vez levantando el brazo derecho con el puño cerrado. Héctor esta vestido solamente con yelmo y espinilleras, la pierna derecha se encuentra ensangrentada con tonalidades de color rojo. El auxilio de Héctor llega por la derecha, Eneas representado con el escudo levantado y la lanza preparada para golpear, lleva en la cintura una espada, endosa un yelmo y espinilleras. La parte izquierda se cierra con una representación de dos guerreros en fase de combate. El representado en la parte izquierda, cubierto por una piel de animal, sostiene un escudo revestido en su interior por una piel de animal que forma tonalidades que van del rojo al amarillo. El adversario, desnudo con escudo y lanza lleva a su lado una espada, repitiendo el mismo esquema de la figura de Eneas. Las tonalidades de color rojo violáceo y blanco se alternan dando una vivacidad cromática a la composición resaltando así­ algunos detalles. La representación se encuentra encuadrada en su parte superior por unas formas geométricas policromadas; a los lados se encuentran unos reticulados de color rojo y en la parte inferior son visibles varias lí­neas pintadas en rojo y algunas bandas sobre fondo claro.
  • Kylix lacónica con Prometeo y Atlas. Cerveteri. 560-550 a.C. Cerámica figurada. Alto 14 cm - diám. 20,2 cm. Entre las demás producciones de cerámica griega figurada, destaca la cerámica lacónica, testimoniada por una famosa kylix (copa) fabricada en Esparta poco antes de mediados del s. VI a.C. y atribuida al Pintor de Arquesilas II. En ella se puede admirar una de las primeras representaciones del mito de Atlante que hayan llegado hasta nosotros. Atlas, con barba, dobla las rodillas debido al peso de la masa que tienen que sostener sobre sus hombros, al haber sido condenado por Zeus a mantener separado el cielo de la tierra. Además de su castigo se añade el de un segundo Titán, su hermano Prometeo, culpable de haber dado el fuego a la humanidad, atado a un poste y sometido al suplicio perpetuo del águila que le roe el hí­gado, el cual cada noche vuelve a crecer para ser nuevamente comido. La asociación de ambos episodios ha hecho suponer que este pintor se haya inspirado directamente en la Teogoní­a de Hesí­odo, en la que los dos Titanes se describen uno después del otro.
  • Kylix ática de figuras negras del Pintor de Phrynos, 560 a.C., aprox. Cerámica. Alto 13,9 cm; diám. 19,8 cm; diám. del pie 9,1 cm. La kylix o "kilike", que era una copa utilizada en los simposios para beber vino, lleva pintada en la parte exterior la inscripción "salud y bebe". En su interior se encuentra un pequeño medallón con una representación épica pintada en un logrado estilo miniatura, con los personajes marcados con inscripciones. íyax, en el esquema arcaico de la "carrera de rodillas", con yelmo, espinilleras y coraza de la que sale un jitón, se halla concentrado en transportar el cuerpo exánime de Aquiles, desnudo y con una larga cabellera suelta que cae al suelo. Las figuras, con detalles sutilmente esgrafiados, se hallan reavivadas por resalte en rojo morado (yelmo, espinilleras y jitón de íyax; cabellos y tórax de Aquiles). La peculiaridad del estilo miniatura ha hecho denominar "pequeños maestros" a los ceramógrafos que se aventuraron en este tipo de producción; entre ellos cabe citar al Pintor de Phrynos, una de las personalidades más representativas, a quien se ha atribuido asimimismo esta kylix del Vaticano, la cual resalta por originalidad y confección.
  • ínfora ática de figuras negras firmada por el alfarero Nikosthenes, Cerveteri, 530-510 a.C., aprox.
  • ínfora ática de figuras negras del Pintor del Vaticano 365, Cervéteri, mediados del s. VI a.C., aprox.
  • Pelike de figuras negras, fines del s. VI a.C. Cerámica. Alto 36,9cm. En esta pelike (vaso panzudo de dos asas) se halla representada una escena de venta de aceite. El valioso lí­quido, conservado en un vaso parecido al expuesto, se vierte en un recipiente más pequeño utilizado para los ungüentos (lekythos), mientras que el comprador se sienta en un diphros (silla plegable). La inscripción de enhorabuena escrita a lo largo de la escena dice "¡Oh padre Zeus, haz que me haga rico!" ha inspirado la denominación convencional de Pintor de Plousios para el autor de este vaso de fines del s. VI a.C.
  • Kyathos ático y figuras negras. Dionisio sentado y Sátiro danzante entre dos ojos y dos esfinges. 510 -500 a.C.

Sala XIX

Colección de los Vasos, cerámica ática de figuras negras y rojas. En las paredes se encuentran pinturas realizadas en 1780 por Bernardino Nocchi (?), en las que se ilustran las obras llevadas a cabo bajo el pontificado de Pí­o VI. En la sala se hallan reunidos vasos áticos de figuras negras y rojas, aparte de interesantes ejemplares bilingües, o sea, con las dos técnicas adoptadas simultáneamente.

  • ínfora panatenea del Pintor de Berlí­n, 500-480 a.C.
  • Hidria ática de figuras negras del Grupo de Leagros, 500 a.C., aprox. Cerámica pintada. Este vaso, destinado por su forma peculiar a contener y transportar agua, está pintado con la técnica de figuras negras y se atribuye al Grupo de Leagros. En el hombro están representadas escenas de gimnasio. Sobre el cuerpo, se hallan dos jinetes con traje tesálico con pétasos (sombrero de viaje de ala ancha) y dos lanzas en la mano. Las inscripciones indican los nombres de los caballos, Thrasos (Valor) y Areté (Virtud), y dos nombres de muchachos, Olympiodoros y Leagros, ambos alabados como kalos (bello).
  • Kylix ática "bilingüe". Vulci. Finales del s. VI a.C. Cerámica pintada. Esta kylix (copa con asas sobre pie, utilizada en los simposios para paladear el vino) está caracterizada por una decoración de figuras negras en el tondo interior y de figuras rojas en la parte exterior. Hacia el año 530 a.C. se realizó en ítica la radical evolución que llevó a los ceramistas a abandonar la técnica de las figuras negras, adoptando la de las figuras rojas, recortadas sobre el fondo barnizado de negro. Dicha modificación permitió que los ceramógrafos obtuviesen una mejor definición de los detalles interiores de las figuras a través de lí­neas barnizadas, en lugar que esgrafiadas, según la evolución del arte pictórico. Durante cierto tiempo, la aplicación mixta de ambas técnicas convivirá en el mismo objeto, acompañando la transición hacia la adopción definitiva de las figuras rojas. En este ejemplar, atribuido al Pintor de Scheurleer, se halla representado en la parte interior un hombre con una clava, según la técnica de figuras negras; en la parte exterior, se encuentra en cambio un lanzador de jabalina con la técnica de figuras rojas.
  • ínfora ática de figuras negras por Exequias. Vulci. 540-530 a.C., aprox. Cerámica. Alto 61,1 cm; diámetro boca 27,8 cm. En esta célebre ánfora, firmada por Exequias como alfarero y pintor, se representa un episodio ajeno a la tradición de los poemas homéricos: Aquiles y íyax armados, concentrados en el juego de dados o de la morra, según una antigua interpretación. El ánfora constituye una de las realizaciones de la técnica de figuras negras más refinadas, con detalles y decoraciones de la ropa grabados con minucia caligráfica. El ceramógrafo coge, con la solemnidad tí­pica de su estilo, el momento en el que ambos héroes, dejadas de lado por un instante las armas durante el largo asedio troyano, se conceden una actividad lúdica. Aquiles y íyax, identificados por las inscripciones, están sentados en asientos bajos y se curvan hacia una base, alargando las manos derechas para leer los puntos obtenidos en el juego (cuatro y tres, respectivamente), tal como se muestra en las inscripciones que parecen salir de sus bocas a modo de historietas. En el segundo panel se encuentran representados Cástor, con su caballo Kyllaros, Polydeukes y sus padres Tí­ndaro y Leda.
  • ínfora ática de figuras rojas del Pintor de Troilos: contienda por el trí­pode y desfile de músicos; Cerveteri, primeras décadas del s. V a.C.
  • Tres kylikes de figuras rojas del Pintor de Brygos, 480 a.C.
  • Lekythos (ampolla para ungüentos, usada por los atletas en las ceremonias fúnebres) de figuras rojas del Pintor de Brygos, 470 a.C. Muerte de Orfeo por parte de las mujeres de Tracia.
  • Dos kylikes (copas) de figuras rojas del Pintor de Makron, Vulci, primer cuarto del s. V a.C.
  • Dos kylikes del Pintor de Epeleios, Vulci, 500 a.C., aprox. Escenas de gimnasio.
  • Hidria ática de figuras rojas del Pintor de Eucharides, Vulci, 500 a.C, aprox. Aquiles y Héctor.
  • ínfora ática de figuras rojas atribuida al Pintor de Héctor, Vulci, 450 a.C., aprox. Libación de Héctor antes de la batalla, despidiéndose de sus padres, Prí­amo y Hécuba. Lado B, viejo entre dos mujeres.
  • Kylix ática de figuras rojas de Douris. Vulci. 490-480 a.C. Cerámica pintada. Alto 10,6 cm - diám. 31 cm. En el tondo interior de esta kylix está representado el epí­logo, de manera poco entusiasta, de un simposio, con un joven que paga los excesos del beber, ayudado por una muchacha. En la parte exterior, se halla la viva representación de un simposio: cinco hombres beben, cantan, tocan instrumentos, juegan al kottabos (juego que consistí­a en lanzar vino haciendo dar vueltas a una kylix como ésta, para golpear los platillos del instrumento), ayudados por un flautista y un siervo.
  • Kylix ática de figuras rojas de Douris. Cerveteri. 480 a.C., aprox. Cerámica pintada. Diám. 29,7 cm. En el tondo interior de esta kylix se halla representado uno de los momentos más dramáticos del mito de Jasón, el cual, tras llegar a Colquis para pedir del rey Eetes el Vellocino de oro, es traicionado por éste y tragado por el monstruo que custodiaba el Vellocino, que se ve colgado en la rama de una encina. En esta ocasión, Jasón es salvado por Atena.
  • Kylix ática de figuras rojas según el estilo de Douris, 480 a.C.
  • Kylix ática de figuras rojas. Vulci. 480-470 a.C., aprox. Cerámica pintada. Diám. 26,4cm. En el tondo interior de esta kylix atribuida al Pintor de Edipo, se representa el famoso episodio de Edipo vestido de viandante que, en la ciudad de Tebas, escucha el enigma propuesto por la Esfinge. En la parte exterior, una farsa satí­rica.
  • Vista de la Sacristí­a de San Pedro. Bernardino Nocchi 1780.
  • La Sala de Arte en la Biblioteca Vaticana. Bernardino Nocchi.

Sala XX

Colección Astarita, cerámica griega y etrusca. En el friso: Atlas, Banquete ofrecido por Saúl a Samuel, Convite de Tieste y figuras alegóricas de Orlando Parentini, fechables al pontificado de Pí­o IV (1559-1565). Toda la sala está dedicada a la Colección Astarita, prestigiosa colección de cerámica griega donada al Papa Pablo VI en 1967. Todos los objetos expuestos son de gran interés, siendo muchos de ellos dignos de especial atención.

  • Cráteras en forma de pequeñas columnas. Ex-Colección Astarita. 560 a.C., aprox. Alto 43 cm. En esta crátera (vaso usado en los banquetes para mezclar vino y agua) tardo-corintia está representada la misión de Menelao y Ulises a Troya para obtener la restitución de Helena, tratativa cuyo fracaso desencadenará la guerra de Troya. Ambos héroes, con el heraldo Talthybios, se sientan en los jardines de un altar del santuario de Atena y son acogidos por la sacerdotisa Theano, mujer de Antenor, acompañada por tres siervas y una fila de jinetes, compuesta tal vez por sus mismos hijos.
  • Kylix ática de figuras negras de Sakonides, Orvieto, 550-500 a.C. Cabezas de mujeres.
  • Kylix ática "bilingüe" de Oltos, 520 a.C., aprox. En su interior, centauro de figuras negras; en la parte exterior, lanzador de jabalina de figuras rojas.
  • Kylix attica "bilingue" di Oltos, 520 a.C. circa. En el interior figura negra de un trompetista, en la parte exterior, combate.
  • Kylix ática de figuras rojas de Douris, 490-480 a.C. En el interior figura de guerrero, en la parte exterior, combate.
  • Stamnos ático de figuras rojas del Pintor de Kleophrades, 485-480 a.C., aprox., inv. 35700: en el lado A, dos guerreros y un guerrero caí­do; en el lado B, dos guerreros.

Sala XXI

Colección de los Vasos, cerámica ática de figuras rojas. Esta sala, llamada también de la Meridiana (reloj de sol), recuerda por su nombre a una pequeña habitación del Aposento del Cardinal Francisco Javier de Zelada, Secretario de Estado durante el pontificado del Papa Pí­o VI, quien vivió en estas habitaciones hasta 1801 antes de que éstos fueran destinados al museo. La sala debe su nombre a los instrumentos astronómicos, entre los que se encuentra un reloj de sol, que eran el observatorio del cardinal.

  • Visats de la sala.
  • Hidria ática de figuras rojas del Pintor de Berlí­n. 490 a.C. Cerámica pintada. Alto 58,2 cm En una vitrina completamente dedicada al Pintor de Berlí­n, uno de los ceramógrafos más importantes que ejercí­an en Atenas entre 500 y 460 a.C. (así­ llamado por una ánfora suya en los Museos de Berlí­n), se puede observar esta hidria en la que se representa sugestivamente al dios Apolo sentado en el trí­pode délfico, volando por encima del mar. Este vaso ha sido considerado, incluso ya por los autores de los inventarios del s. XIX, como uno de los más importantes de la colección vaticana, atribuible a la etapa juvenil del ceramógrafo. La figura está representada aislada sobre el brillante fondo del vaso, según el gusto compositivo peculiar de este maestro, que prefiere sobre todo la elegancia y la armoní­a en sus creaciones.
  • ínfora ática de figuras rojas del Pintor de Aquiles. Vulci. 450 a.C., aprox. Cerámica pintada. Alto 59,9 cm. De esta ánfora, que representa a Aquiles y Briseida, toma el nombre la figura convencional del Pintor de Aquiles, considerado discí­pulo del Pintor de Berlí­n según similitudes estilí­sticas con éste que lo delatan, sobre todo en la etapa inicial de su producción. El ánfora vaticana pertenece en cambio al perí­odo maduro de este maestro, que abarca globalmente la segunda mitad del s. V a.C., caracterizado por figuras que expresan serenidad y magnificencia al mismo tiempo. Los vasos del Pintor de Aquiles se difundieron ampliamente en el mundo mediterráneo antiguo: desde Grecia hasta Asia menor y Sicilia, y obviamente hasta Etruria, lugar donde fue hallada también el ánfora del Vaticano.
  • Crátera en forma de copa del Pintor de la Phiale de Boston. Vulci. 440-430 a.C. Cerámica pintada. Alto 32,9 cm. La introducción de una sobria policromí­a en el fondo blanco de los vasos, refleja en la ceramografí­a, en un cierto sentido, los desarrollos paralelos de la pintura coeva, tanto parietal como de "caballete". En la crátera en forma de copa del Pintor de la Phiale de Boston, discí­pulo del Pintor de Aquiles, que ejerció entre 450 y 425 a.C., aproximadamente, surge de manera evidente un estilo pictórico, que ya no se puede expresar sólo con la técnica de las figuras rojas. De todas formas, el maestro se aventura en esta última técnica, tal como lo testimonian otros vasos. En la cara principal de esta crátera se halla representado un tema mitológico, particularmente importante para el maestro, el cual otorga una intensidad espiritual especial a sus figuras: Hermes entrega el pequeño Dionisos al viejo Silenos. En el otro lado se encuentran tres musas, según la predilección por el mundo del teatro, la música y la danza que insistentemente vuelve a manifestarse en la producción de este pintor.
  • Hidria del Pintor de la Phiale de Boston, Vulci, 440-430 a.C.
  • Kylix ática de figuras rojas del pintor de Jena. Vulci. Finales del s. V a.C. Cerámica pintada. Diám. 25,3 cm. La producción tarda de cerámica ática aún depara ejemplares no faltos de frescura y originalidad, como esta kylix del Pintor de Jena, con una representación de Triptolemo en el tondo interior. Vasos de este pintor, que por convención debe su nombre a la ciudad en la que se conserva la mayor parte de los vasos que se le atribuyen y cuya actividad se desarrolló en Atenas, han sido hallados en Crimea y Etruria.

Sala XXII

Colección de los Vasos, cerámica italiota y etrusca de figuras rojas. A la colección de vasos italiotas está reservado el sugestivo recorrido semianular del Hemiciclo Superior. Con la definición de cerámica italiota se considera generalmente la amplia y articulada producción de vasos pintados con la técnica de figuras rojas que se desarrolla dentro de las colonias griegas en Italia meridional y Sicilia, entre fines del s. V y IV a.C. En esta sala se hallan reunidas las principales producciones: de Lucania, Campania, Paestum y Apulia, con la única excepción de las fábricas sicilianas. Una sección ha sido dedicada a la cerámica del estilo de Gnathia que, en su gusto abiertamente pictórico por la técnica polí­croma en el fondo negro brillante del vaso, señala paralelamente el epí­logo de la pintura alfarera antigua. Concluye el recorrido una selección dedicada a las expresiones paralelas de la ceramografí­a etrusca.

  • Crátera de Paestum. 360-330 a.C. Cerámica pintada. Alto 37 cm. En esta crátera pintada por Assteas, pintor de Paestum que ejerció hacia los años 360-330 a.C., está representada una parodia mitológica: Zeus corteja a Alcmena, esposa de Anfitrión, bajo la mirada de Hermes. En la producción de los ceramógrafos de Paestum se encuentra una fuerte inspiración del mundo teatral italiota. Los grotescos peinados de los actores cómicos aquí­ representados, son tí­picos del gusto popular de la comedia fliácica (de Phliax, figura del cortejo dionisí­aco), que floreció en la Magna Grecia durante el s. IV y III a.C. Este pintor firma seis vasos, mientras que otros, como el ejemplar vaticano, se atribuyen a él basándose en analogí­as técnicas y estilí­sticas.

   
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